En la ciudad checa de Cieszyn, que lleva años viviendo en un flujo natural de culturas, se ha creado un interior que capta esta identidad multifacética con una sensibilidad excepcional. En un edificio de la época del modernismo checo, de estilo funcionalista, los jóvenes habitantes de la frontera decidieron crear su propio espacio vital, consciente, contemporáneo y, al mismo tiempo, arraigado en la historia. Para ello, invitaron a colaborar al estudio Razoo, al que se le encomendó la tarea de transformar 105 m² en un espacio que se adaptara a sus necesidades cotidianas.
Ya la primera reunión con los inversores supuso para los arquitectos un impulso para profundizar en la búsqueda. Los jóvenes, criados en la encrucijada de la cultura polaca y checa, aportaron al proceso de diseño energía, apertura y una visión clara. Sus historias sobre cómo crecieron en un lugar donde se entremezclan idiomas, costumbres y sensibilidades se convirtieron en la base del concepto.
La visión comenzó a cristalizarse ya durante la primera visita al apartamento. El local, comprado en el mercado secundario, impresionaba por su luz y por los detalles que habían sobrevivido al paso de las décadas: cornisas sutiles, carpintería original en ventanas y puertas, así como suelos de madera con un clásico diseño en espiga. Los arquitectos supieron de inmediato que estos elementos no podían limitarse a conservarse, sino que debían convertirse en protagonistas de pleno derecho del proyecto. El edificio modernista encerraba una historia que no debía silenciarse, sino que debía resurgir.
Uno de los retos clave fue combinar una cocina grande y funcional con una zona de descanso. Los propietarios querían un espacio abierto en el que la vida cotidiana fluyera con libertad y las fronteras entre la cocina, el trabajo y el descanso se difuminaran de forma natural. Razoo apostó por transiciones fluidas y coherencia estética, gracias a lo cual el interior no es un conjunto de zonas separadas, sino un todo armonioso.
La decoración está dominada por tonos cálidos y naturales de beige, arena y madera miel. Esta paleta no solo resalta el carácter modernista del edificio, sino que también introduce una atmósfera de tranquilidad. Los muebles se han fabricado con acabados mates y sobrios, que se han roto con un expresivo revestimiento de chapa de álamo. Su trazo orgánico se ha convertido en uno de los acentos más característicos del proyecto, sutil pero expresivo.

En la zona de estar, llaman la atención las formas suaves y orgánicas de los muebles de descanso. La iluminación, cuidadosamente seleccionada y variada, crea el ambiente: desde lámparas colgantes decorativas hasta delicados puntos de luz que crean una atmósfera íntima por las noches. Los detalles coloridos y el arte aportan un toque personal, recordando que este interior es, ante todo, una historia sobre las personas que viven en él.
El proyecto en su conjunto puede interpretarse como un diálogo entre el pasado y el presente. La arquitectura modernista se une aquí con un enfoque moderno de la vida, y las emociones, la función y la estética se entrelazan en una narrativa coherente. Razoo destaca que la satisfacción no solo proviene del resultado, sino también del proceso en sí: el encuentro de personas de diferentes culturas y generaciones, la inspiración mutua y la creación conjunta de un espacio que no es solo un lugar para vivir, sino un testimonio de su historia. Curiosamente, en el interior se pueden encontrar muchos ejemplos de diseño polaco, entre otros, las coloridas lámparas de pared del vestíbulo de Nodi Studio, los grifos de baño de Omnires o el evocador cabecero del dormitorio, creado con material de la marca Dekoma.
proyecto: Razoo
equipo: Klaudia Mikrut, Anna Szefler, Piotr Szefler
fotografías: MoodAuthors
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