Compró un puesto fronterizo en ruinas en España y lo convirtió en una casa

Stone and Water es uno de esos proyectos que demuestran que la arquitectura contemporánea es capaz de sacar a relucir el potencial de un lugar sin eclipsar su historia. En Sanlúcar de Guadiana, un pequeño pueblo español ubicado en una colina sobre el río Guadiana, dos estudios —Zurita Studio y Kalibra Arquitectura— llevaron a cabo la transformación de un edificio del siglo XIX. El puesto fronterizo que en su día vigilaba la frontera con Portugal se encontraba en pésimo estado. Sin embargo, gracias a la inversora, cobró nueva vida.

Los arquitectos no trataron las ruinas como un artefacto de museo. En lugar de una reconstrucción, optaron por trabajar con lo que ya existía: el contorno de piedra, las grietas y los rastros de su antigua función. Las troneras conservadas debajo de las ventanas siguen recordando el papel del edificio en el sistema de vigilancia del río, y sus muros macizos definen la geometría y la atmósfera de la nueva vivienda. La estructura reforzada se complementó únicamente con una discreta ampliación, gracias a lo cual el conjunto conserva la escala y el carácter de la construcción original.

Arraigado en la historia del lugar

El pueblo cuenta con poco más de 420 habitantes, de los cuales casi una quinta parte son personas que han llegado del extranjero, principalmente del Reino Unido. Sanlúcar es el primer puerto seguro en el Guadiana, un lugar donde los navegantes se detienen tras su travesía desde el Atlántico, a menudo durante muchos meses y, a veces, para toda la vida. Esta rotación constante de recién llegados ha creado una cultura local de apertura, viajes y agua. Fue precisamente en este entorno donde la dueña de la casa, Olga, fue forjando a lo largo de los años su vínculo con el lugar: primero viviendo en barcos y en casas de amigos, luego en una pequeña cabaña junto al río, hasta que finalmente decidió comprar unas ruinas junto con su pareja, un navegante y artista argentino.

Refugio y apertura

La nueva casa fue concebida como una secuencia continua de espacios sin puertas. La intimidad surge aquí del grosor de los muros, su disposición y las direcciones de las vistas. Esta solución permite desenvolverse en un entorno único y flexible, que favorece tanto la vida solitaria de Olga como los encuentros con su familia o amigos. Al mismo tiempo, tres de las cuatro fachadas se abren al paisaje, creando transiciones fluidas entre el interior y el entorno. Recorrer la casa es como recorrer uno de los numerosos senderos que conducen al río: te detiene, te protege y te invita a descansar.

El presupuesto limitado y el difícil acceso al terreno hicieron que el proyecto se basara en el principio de reutilización de materiales. Se trata de una renuncia consciente que dio lugar a una arquitectura abierta a cambios futuros. En la casa se incorporaron elementos procedentes de diversas fuentes: un aparador encontrado, un lavabo viejo, una estufa, electrodomésticos de cocina y fragmentos de construcciones anteriores. Las mismas vigas del techo se utilizaron para construir las escaleras y parte de la cocina, mientras que el material del piso se convirtió al mismo tiempo en la encimera, el lavabo y el acabado de la ducha. El porche minimalista funciona como un marco, cuya sombra se puede modificar según la estación del año y los materiales disponibles.

Una casa en un clima cálido

Las estrategias ambientales se basaron en la lógica tradicional de la construcción: inercia térmica, ventilación cruzada, orientación adecuada y aislamiento. La doble altura de parte del interior permite la estratificación natural del aire, las paredes y el piso de piedra aseguran la acumulación de frescor, y la disposición del techo protege del sol de la tarde. Las aberturas en las fachadas garantizan la ventilación, lo que permite que la casa funcione sin aire acondicionado. La energía la proporcionan paneles fotovoltaicos ubicados en una estructura cercana, que también sirve como estacionamiento cubierto.

Arquitectura contemporánea del Sur

Stone and Water es una reflexión sobre cómo vivir en un clima sureño sin recurrir a una tecnología excesiva. En una época en la que muchas casas se convierten en una imagen en lugar de un lugar, y los espacios están sobreenfriados y aislados del entorno real, el proyecto de Zurita Studio y Kalibra Arquitectura propone un camino diferente. Es una arquitectura que acepta el calor, la sombra y la materialidad como condiciones naturales de la vida: menos espectacular, más presente. Se ha creado una casa que permite que el pasado conviva con el presente.

diseño: Zurita Studio, Kalibra Arquitectura

fotografías: Juanca Lagares,www.juancalagares.com, Ulrich Stockhaus,www.ulrichstockhaus.ch

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