En el patio de la calle Piotrkowska 3, en Łódź, se encuentra una verdadera joya de la arquitectura y el arte callejero locales: el Pasaž Róży. Este extraordinario lugar fue diseñado por Joanna Rajkowska, quien transformó las anodinas dependencias traseras de un edificio del siglo XIX en un espacio de intensa experiencia.
Durante muchos años, la calle Piotrkowska ocultó las típicas dependencias del siglo XIX, estrechas y sin luz solar. El edificio de la calle 3 pertenecía antiguamente al complejo del Hotel Polski, uno de los primeros hoteles de la ciudad, que se desarrolló al ritmo de la revolución industrial. El patio careció de identidad durante mucho tiempo, perdiéndose entre miles de lugares similares en Łódź. El cambio no llegó hasta la segunda década del siglo XXI, cuando se iniciaron las obras destinadas a la revitalización del centro de la ciudad. Fue entonces cuando surgió la idea de introducir una nueva calidad en este rincón olvidado de la ciudad gracias al arte de gran impacto.
El concepto de Joanna Rajkowska se gestó entre 2013 y 2014 y se llevó a cabo en el marco del Festival Łódź de las Cuatro Culturas. La inauguración tuvo lugar tras un proceso de casi dos años de trabajo minucioso. En la realización participaron no solo especialistas en arte y construcción, sino también los habitantes, quienes colaboraron en la creación de los distintos fragmentos. De este modo, el proyecto adquirió una dimensión social que trasciende la expresión individual de la artista. De los aspectos técnicos se encargó, entre otros, el estudio RWSL, que desarrolló métodos para unir de forma duradera los delicados elementos de los espejos con la fachada del edificio histórico.

El Pasaje de las Rosas está compuesto por un mosaico de cientos de miles de pequeños fragmentos de espejos. Sin embargo, estos no forman una superficie uniforme. Se trata de triángulos, rombos y rectángulos cortados a mano, dispuestos en una densa red irregular que, entre otras cosas, imita la forma de los capullos de rosa. El vidrio se ha incrustado directamente en la superficie de las paredes y se ha protegido con recubrimientos especiales destinados a prolongar su vida útil. Durante el día, el pasaje resplandece con la luz reflejada, y la imagen de la ciudad se descompone en cientos de reflejos. El cielo, los transeúntes y los detalles aparecen como fragmentos dispersos y efímeros que cambian con el movimiento del observador. Al caer la noche, el patio adquiere una profundidad íntima, con reflejos puntuales que crean una atmósfera casi escenográfica.
El origen de este proyecto tan extraordinario fue la historia personal de la artista, y más concretamente la enfermedad de su hija, llamada Róża, a quien le diagnosticaron un tumor en la retina. El motivo de los espejos rotos hace referencia a la forma de ver, en la que la imagen se forma a partir de muchos pequeños impulsos. El espectador no recibe un todo ya formado. Debe recomponerlo por sí mismo a partir de fragmentos dispersos, de la misma manera que la vista humana reconstruye la realidad. De este modo, el pasaje trasciende la mera estética. Habla de la percepción del mundo, de la experiencia de la enfermedad y de la lenta recuperación de la capacidad de ver.
Hoy en día, el Pasaje de las Rosas funciona como un paso que conduce desde la calle Piotrkowska hacia la calle Zachodnia y más allá, en dirección a Manufaktura. El antiguo patio comenzó a atraer tráfico y atención, ganando notoriedad y un lugar destacado en el canon de las atracciones de Łódź.
Fuente: lodz.travel.pl
Fotos cortesía de Bon voyage – viajes por Polonia
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