En uno de los bloques de finales de los años cincuenta en Almaty, Kazajistán, característico de la arquitectura de la época, hay un apartamento que combina la disciplina del orden modernista con la sensibilidad de una coleccionista de arte. El diseño es obra del estudio GC Group, dirigido por Zarina Sultanova. En 53,5 m² se ha logrado crear un espacio en el que las obras de arte son un elemento esencial.
Las arquitectas partieron de la premisa de que el apartamento debía servir de fondo, no neutro, sino equilibrado, basado en sutiles referencias a la arquitectura del edificio. Las paredes se dejaron casi completamente libres de decoración, lo que permite que las pinturas y los objetos traídos de Europa, Canadá, Estados Unidos y Asia Central resalten en toda su magnitud. El único acento ornamental es una moldura perfilada que recorre todo el apartamento. Su sección transversal recuerda a las cornisas de los años cincuenta, lo que permite que el interior entable un sutil diálogo con la arquitectura original.
La luz se ha convertido en una de las herramientas clave para crear ambiente. Las lámparas de araña y los apliques de los años 50 y 60, encontrados en un mercadillo de Almaty, aportan autenticidad al apartamento. Su presencia no es un recurso decorativo, sino una elección consciente que refuerza la narrativa de todo el espacio. Las claraboyas que enmarcan el paso entre la cocina y el baño desempeñan una función similar, un detalle característico de la época en que se construyó el edificio.

El interior no se ha construido únicamente con elementos nuevos. Parte del mobiliario heredado de la anterior propietaria se ha sometido a una cuidadosa restauración, gracias a lo cual encaja naturalmente en la nueva decoración. La conservación de los elementos antiguos es también un símbolo de continuidad. Este enfoque del proyecto ha guiado a las arquitectas desde el principio. Aquí nada es casual, y cada elemento tiene su razón de ser.
La propietaria del apartamento, con formación musical, abogada con experiencia internacional y, al mismo tiempo, graduada por el Sotheby’s Institute of Art, aportó al proyecto un conjunto de valores claros. Su sensibilidad por las proporciones y los detalles se combina con la necesidad de orden y el coleccionismo consciente. Es precisamente este equilibrio, entre la relación emocional con el arte y el enfoque intelectual del espacio, lo que define el carácter del apartamento. Es sobrio, pero no frío; ordenado, pero no estéril; personal, aunque desprovisto de literalidad.
El resultado es un espacio que no intenta impresionar por su forma. Su fuerza reside en la coherencia y en la capacidad de extraer significado de los detalles.
diseño: sultanova_zarina_designer
fotografías: MilaLototskaya
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