Está ingeniosamente decorado. Apartamento en Bucarest

El apartamento RATHER TWO en Bucarest tiene 80 m², pero este espacio palpita con una historia multifacética sobre la diversidad de culturas entrelazadas en la vida cotidiana y la colaboración creativa de los diseñadores, Anka y Kelvin. Su apartamento no es solo un conjunto de soluciones funcionales, sino una narrativa conscientemente compuesta en la que las emociones, los rituales y los paisajes de sus lugares de origen se convierten en la base de la estética.

El proyecto surge del diálogo entre culturas. Rumanía aporta simbolismo, la suavidad del verde y la riqueza de los motivos tradicionales, mientras que Angola aporta terrosidad, carácter ritual y formas orgánicas. Estos dos órdenes no compiten entre sí, sino que se entremezclan, determinando la paleta de colores, los materiales y la forma de organizar el espacio. Los arquitectos aprovechan la arquitectura existente (techos de diferentes alturas que alcanzan los tres metros, una clara división de las habitaciones y una profundidad de ocho metros en el salón) para crear zonas diferenciadas destinadas a diferentes actividades.

El motivo clave es el concepto de dos «cajas»: Green Box y Wood Box. La primera crea una atmósfera de concentración. Es un espacio de entrada que detiene deliberadamente antes de revelar el salón bañado por la luz y con vistas a la ciudad filtradas por la copa de un árbol centenario. El segundo, Wood Box, conduce a la zona nocturna, aportando tranquilidad y equilibrio. En ambos casos, los materiales y los colores no son una decoración, sino una herramienta para crear ambiente, desde el verde intenso hasta la madera cálida, desde el estuco rugoso hasta la frialdad de la piedra.

Aunque la arquitectura del apartamento se basa en líneas angulosas, el mobiliario suaviza deliberadamente esta geometría. Los bordes suaves y redondeados de los muebles aportan fluidez y dan una sensación de armonía. Muchos de los elementos se han creado en colaboración con artesanos locales, lo que confiere al proyecto una dimensión profundamente arraigada en el lugar. Esto se ve especialmente claro en el salón, que ha sido rediseñado: detrás de una cortina acústica de doble cara se esconde un espacio adicional, donde hay un módulo que sirve para almacenar, permite trabajar en el escritorio y, si es necesario, se convierte en un lugar para dormir. La cama se ha ocultado en el mobiliario. Con un espacio limitado,esta flexibilidad es fundamental.

RATHER TWO no se presta a clasificaciones estilísticas unívocas. Es un interior que combina conscientemente opuestos: tradición y modernidad, ornamentación y minimalismo, suavidad y austeridad. Cada material ha sido seleccionado teniendo en cuenta su impacto sensorial: la madera invita al tacto, el estuco aporta una textura rugosa, la piedra refresca y los tejidos envuelven. 

El arte y la artesanía forman parte integral de este espacio. Las pinturas del pintor rumano Dragoș Bădița dialogan con el carácter de cada habitación, y las obras de los artistas internacionales Jacco Bunta y Jody Barton añaden energía y un contexto global al interior. Junto a ellas, aparecen iconos del diseño de Muuto y Flos, que aportan una dimensión atemporal y un equilibrio entre lo local y lo universal.

Kelvin Silva y Anca Lungu

Los toques más personales son tres intervenciones artísticas creadas por los propios arquitectos. INFINITE SUNSET, una marquetería original de Kelvin realizada con chapas ALPI, combina referencias a Brâncuși y a la máscara angolana Chokwe, convirtiéndose en un retrato simbólico de su relación. ONDA, un híbrido entre taburete y silla diseñado para el tocador, evoca los recuerdos de las olas de la infancia de Kelvin, que pasó en la costa angoleña. Por su parte, el banco de comedor, fabricado con vigas de techo transilvanas recicladas y pintado a mano por la artista Maria Grigore, se inspira en motivos folclóricos rumanos y les da una interpretación contemporánea.

En RATHER TWO, cada elemento es testimonio del encuentro entre dos culturas, dos temperamentos y dos sensibilidades. Es un apartamento en Bucarest que no solo se ve, sino que, sobre todo, se siente.

Diseño: DORON Atelier – Anca Lungu; OMAMBO – Kelvin Silva

Fotografías: Clément Vayssieres, Kelvin Silva

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