En la localidad checa de Jevany se ha construido una casa roja de formas muy poco comunes y con un carácter marcado. El proyecto, obra del estudio Architektura s.r.o., se alza en medio de un bosque de pinos como una criatura sangrienta. A pesar de este marcado contraste de colores, el edificio es casi invisible desde la calle y, al mismo tiempo, está completamente abierto al paisaje del bosque y a los estanques cercanos.
La casa roja en el bosque
La parcela en la que se erige la propiedad roja se encuentra entre viviendas unifamiliares dispersas, rodeadas de un bosque maduro. El terreno desciende hacia el sur, lo que influyó considerablemente en el diseño. El acceso desde el camino forestal que discurre por encima de la propiedad, utilizado principalmente por los vecinos de la zona, contrasta con el camino inferior que bordea los estanques y queda oculto tras una franja de árboles altos. El inversor esperaba una casa de estética contemporánea con un toque industrial, por lo que invitó a colaborar al arquitecto David Kraus. Su anterior proyecto en la zona llamó la atención del propietario del terreno.

La topografía como generadora de la forma
Para el conjunto del proyecto resultaron importantes el desnivel del terreno y los restos de un edificio anterior, que dejó tras de sí un hueco de casi tres metros. El volumen de la nueva vivienda se ha integrado hábilmente en una parcela relativamente complicada, siguiendo la inclinación de la ladera. Desde el norte, el edificio se funde con la ladera y da la impresión de ser un pequeño pabellón de una sola planta. Es desde el lado del jardín donde revela su verdadera escala, es decir, dos plantas con amplios ventanales. Además, los arquitectos retrasaron el volumen respecto a la carretera adyacente, lo que permitió construir una amplia rampa de acceso y un espacio para aparcar en la azotea.
La casa roja en el bosque checo: distribución
El corazón de la casa es la escalera, que une las dos partes del edificio: la zona diurna y la nocturna. La composición se basa en un claro eje visual orientado hacia el bosque, lo que da la impresión de una inmersión gradual en el paisaje. La entrada al edificio conduce a través de una terraza cubierta en la azotea, que hace las veces del aparcamiento mencionado anteriormente. A continuación, el usuario llega a la entrada, desde donde se extiende una vista de los altos troncos de los árboles. La propia casa se distribuye en varios niveles. A la calle se encuentra la zona de entrada y el despacho; más abajo se ubica la zona de estar, y en la parte posterior están las habitaciones privadas de los habitantes, conectadas por un largo pasillo que termina en una salida al jardín.

El industrialismo en una versión interesante
El carácter de la casa se basa en materiales brutos y fuertes contrastes de color. Predominan las estructuras de acero rojo combinadas con el verde del bosque, creando una relación muy intensa y atípica con el entorno. Los acristalamientos con divisiones irregulares evocan la obra del pintor Piet Mondrian, concretamente sus composiciones de estilo neoplasticista. Los interiores de la casa están formados por techos de hormigón con marcas visibles de los encofrados, luminarias negras y paredes blancas. Jan Waltr, que colaboró con los arquitectos en el perfeccionamiento del proyecto, fue el responsable de la decoración de esta parte.
La casa roja y su relación con el paisaje
El entorno de la casa se ha mantenido en gran medida en su estado natural. Los cambios se limitaron únicamente a las inmediaciones del edificio, incluyendo la terraza y la zona de entrada. Merecen especial atención los grandes cantos rodados descubiertos durante los trabajos de excavación, que se colocaron junto a la casa como parte de esta composición tan singular. Los árboles centenarios protegen la parcela del exterior, sin obstaculizar las vistas hacia el bosque y el agua.
proyecto: estudio Architektura s.r.o.
fotografías: Matej Hakár
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