En Konstancin-Jeziorna, dentro de una zona de protección patrimonial, se ha construido una vivienda unifamiliar de más de 800 m², diseñada pensando en una familia multigeneracional que busca tranquilidad, calidad y durabilidad. Se trata de una arquitectura que apuesta conscientemente por la discreción. Rodeado de un bosque de pinos, el edificio se convierte en un elemento natural del paisaje, en lugar de dominarlo.
El volumen de la casa se ha cortado verticalmente y se ha integrado en la ladera, lo que ha permitido su fusión orgánica con el entorno. Las divisiones verticales de la fachada se corresponden con los troncos de los pinos, y la disposición semiatrial abre los interiores hacia el terreno arbolado y en pendiente. Desde el lado de la calle, la casa permanece cerrada e íntima, mientras que desde el lado del patio revela su verdadera escala gracias a los grandes acristalamientos y las numerosas aberturas.
La forma variada y esculpida crea terrazas en ambos pisos, que elevan a los habitantes por encima del nivel del suelo y dirigen la mirada hacia las copas de los árboles y el río que fluye cerca. Es una arquitectura que no solo protege la privacidad, sino que también enmarca conscientemente la naturaleza.
Los materiales interactúan con el paisaje
La fachada está realizada en sinterizado de cuarzo, un material excepcionalmente duradero, resistente a las condiciones climáticas y que no requiere mantenimiento. Su colorido natural y su textura sutil hacen que la fachada no compita con el entorno, sino que coexista con él. Los elementos verticales de la fachada, entre los que se han colocado las ventanas, aportan profundidad y crean la impresión de que la arquitectura se funde con el bosque. Las líneas verticales del edificio y las del bosque se combinan en una composición coherente.

Interiores abiertos a la luz
El interior de la casa se diseñó para aprovechar al máximo la luz natural. El espacio de dos pisos con techo acristalado ilumina la zona de estar desde arriba, creando una atmósfera de claridad y ligereza. Desde la mayoría de las habitaciones —incluida la amplia zona de fitness— se disfruta de una vista al terreno arbolado, lo que refuerza la sensación de contacto constante con la naturaleza. ¡En una sala de fitness así diseñada, sin duda hacer ejercicio es más placentero!
La distribución funcional de la casa responde a las necesidades de una familia multigeneracional. Además de numerosas habitaciones y salas de invitados, se han previsto dos zonas de sala: una para el uso diario y otra de representación. El conjunto se ha diseñado para que los residentes puedan centrarse en vivir, y no en el mantenimiento técnico del edificio.

La casa de la pantalla
La residencia en Konstancin-Jeziorna es un ejemplo de arquitectura que combina soluciones técnicas atemporales con una sensibilidad hacia el contexto del lugar. La forma discreta, los materiales duraderos y la distribución funcional bien pensada crean un espacio propicio para la vida familiar, el descanso y la celebración de lo cotidiano.
El carácter excepcional de la casa también ha sido reconocido fuera del sector arquitectónico. El edificio se convirtió en el set de rodaje de la producción de Netflix «Aniela», lo que confirma su estética y su potencial cinematográfico.
diseño:Beczak / Beczak / Architekci
fotografías:Piotr Krajewski
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