En un edificio de 1954 en el centro de Varsovia hay un apartamento que recuerda la belleza de las soluciones clásicas. El interior tiene 115 m² y ha sido diseñado por Ewa Wolańska, del estudio Perfect Living.El espacio combina la libertad del eclecticismo con la elegancia del modernismo de mediados de siglo. Es un interior en el que lo contemporáneo se une con la historia, y los muebles antiguos y otros objetos de diferentes décadas crean un conjunto armonioso y bien pensado.
La arquitecta recurrió a muebles auténticos de los años 60 (sillas, cómodas, mesitas, lámparas) restaurados e introducidos en un nuevo contexto. Junto a ellos aparecen formas contemporáneas, como un sofá suave de líneas redondeadas, que hace referencia a los arcos de los pasillos y a los frentes redondeados de la cocina. El conjunto se completa con obras de arte, carteles y cerámica de los años 20 y 60, así como accesorios modernos de Westwing, Embassy Interiors o Pastform.
Una casa con historia
El edificio en el que se encuentra el apartamento representa la arquitectura socialrealista de los años 50: maciza, monumental, pero al mismo tiempo llena de elegantes detalles característicos de la reconstrucción de Varsovia después de la guerra. Hace unos años se escribió sobre él como uno de los ejemplos más interesantes de la construcción de viviendas de posguerra en esta parte de la ciudad.
Sin embargo, la mayor ventaja del inmueble es su ubicación. La planta baja, los grandes ventanales y las vistas directas al parque histórico lo convierten en un lugar atractivo para vivir. Fueron precisamente las vistas a la vegetación las que determinaron la elección del piso por parte de los propietarios, que anteriormente habían vivido principalmente en casas, siempre rodeadas de árboles centenarios. La arquitecta se enfrentó entonces al reto de crear un espacio que conservara el ambiente de un hogar, en lugar del típico piso urbano.
Una distribución bien pensada
La distribución actual del piso es el resultado de una profunda remodelación realizada hace aproximadamente una década. La cocina se trasladó al salón, creando una única zona de estar abierta. En el lugar de la antigua cocina se creó una habitación infantil con vestidor. A partir de un cuarto de baño y un aseo independiente se crearon dos cuartos de baño completos, uno con ducha y otro con bañera.
El elemento más característico es el dormitorio principal, separado del salón por una pared acristalada. De este modo, el espacio permanece visualmente abierto, pero al mismo tiempo se puede cubrir con una cortina blanca para garantizar la privacidad por la noche. Las puertas caladas y los acabados claros hacen que las divisiones funcionales sean sutiles y casi invisibles.

Color, luz y materiales
La base del diseño es el blanco, un color atemporal y neutro que permite resaltar los muebles vintage y los detalles arquitectónicos. Lo acompañan mosaicos en blanco y negro y materiales naturales: madera, chapas y piedra. En cada habitación aparece un toque burdeos que rompe la tranquila paleta de colores y da expresividad al interior.
Los propietarios esperaban un espacio luminoso, acogedor y que diera una sensación de libertad. La arquitecta destaca que fue precisamente el juego de luces, la apertura de las habitaciones y la coherencia cromática lo que permitió conseguir el efecto que más les gustó.
Muebles con historia y toques personales
El proyecto es un homenaje a los objetos del pasado. El interior está lleno de sillones Chierowski y «Liski», sillas danesas, la clásica silla Thonet, una cómoda restaurada del taller «Człowiek z Komodą» y lámparas de los años 60 encontradas en la tienda Lata 60‑te. Junto a ellos se encuentran recuerdos familiares de la propietaria y objetos traídos de Canadá, Copenhague y París. Son ellos los que dan al espacio un carácter individual y hacen que el apartamento no sea solo un proyecto estético, sino un lugar con alma.
Ewa Wolańska destaca que lo que más satisfacción le produce es la satisfacción de los propietarios y la coherencia de todo el proyecto. Se trata de un interior que no finge nada, es natural, funcional, lleno de calidez e historias personales. El eclecticismo no es aquí una colección aleatoria de objetos, sino una composición consciente en la que cada elemento tiene su lugar.
Proyecto: PerfectLiving
Fotos: Kamil Lech
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