El resurgimiento de lo cotidiano: así se puede describir la metamorfosis de una casa londinense de 1911, llevada a cabo por los arquitectos del estudio Luumo. El proyecto no consistió en reconstruir el pasado, sino en devolverle al edificio su concepto original y dotarlo de una energía contemporánea basada en el color, la luz y las necesidades cotidianas de sus habitantes.
La casa, ubicada en el noroeste de Londres, conservó muchas de sus características originales; sin embargo, los años de sucesivas modernizaciones la privaron de algunos de sus elementos distintivos. Las chimeneas desaparecieron y las dos habitaciones principales de la planta baja se unieron en un solo espacio, lo que alteró las proporciones típicas de la arquitectura de principios del siglo XX. Los revestimientos que cubrían los pisos ocultaban la historia del lugar, y el estrecho vestíbulo de entrada acentuaba la sensación de estrechez.
Recuperación de la lógica del espacio
El punto de partida para los arquitectos fue recuperar la distribución funcional original. La sala y el comedor volvieron a tener límites claros, aunque siguen estando conectados entre sí. Una amplia abertura con dintel ordena el espacio y le devuelve las proporciones características de la época en que se construyó la casa. Igualmente importante resultó ser la apertura del salón hacia el vestíbulo, una medida que transformó el estrecho pasillo, aportándole más luz y amplitud.
La nueva zona de estar
Como parte de la reorganización de la planta baja, se creó un nuevo paso entre el comedor y la cocina. Este cambio, aparentemente pequeño, mejoró significativamente el funcionamiento diario de la casa, acortando los recorridos y ordenando las relaciones entre las habitaciones. Sin embargo, la mayor transformación la sufrió la cocina misma. Los muebles anteriores, con acabado de laca brillante, dieron paso a una disposición en forma de U, que aprovecha mejor el espacio disponible.
La decisión que definió el carácter de todo el proyecto se tomó en la etapa de selección de la paleta de colores de la cocina. En lugar del azul previsto, los arquitectos eligieron un amarillo intenso. Los frentes color limón se convirtieron en uno de los acentos más marcantes del interior y marcaron la pauta para el resto de las habitaciones. Es un color que da vida al espacio y le aporta una ligereza cotidiana, en consonancia con la idea de que el hogar sea un lugar que inspire y llene de energía.

Autenticidad recuperada
El proyecto del estudio Luumo se basa en la exposición consciente de los elementos existentes. Los pisos de madera, descubiertos bajo las alfombras, se restauraron conservando las huellas del paso del tiempo. Se reconstruyeron las molduras históricas, se dejaron las irregularidades de los techos antiguos y se aceptaron las imperfecciones que le dan autenticidad al edificio. Los interiores se han llenado con papeles tapiz estampados inspirados en la tradición decorativa británica, muebles vintage y recuerdos familiares. El conjunto crea un espacio audaz en cuanto al colorido, pero a la vez acogedor y arraigado en la historia del lugar.
El resultado es una casa que ha recuperado su identidad, no mediante una imitación fiel del pasado, sino gracias a un diálogo creativo entre la historia del edificio y las necesidades actuales de sus habitantes.
diseño: Luumo
fotografías: Tom Kurek
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