Modernidad y estilo vintage en un edificio antiguo. El interior ocupa una superficie de 52 m².

Filip Domagała es un arquitecto de interiores con muchos años de experiencia. Finalmente, decidió llevar a cabo un proyecto que tenía en mente desde hacía mucho tiempo. Buscaba un espacio en el que pudiera permitirse total libertad creativa y utilizar una estética diferente a la que suele utilizar para sus clientes. La oportunidad surgió cuando encontró un apartamento descuidado en un edificio de antes de la guerra. A pesar de que la inversión era de carácter comercial y el apartamento, una vez terminada la reforma, estaba destinado a la venta, para el diseñador se convirtió en un campo de experimentación y satisfacción personal.

El apartamento en el edificio y su historia

El piso, de 52 m², se encontraba en un edificio que fue parcialmente destruido por una bomba durante la guerra. Durante décadas vivió allí una anciana médica que vivió hasta casi los cien años. Dejó tras de sí un interior lleno de recuerdos, pero que requería una modernización completa y un cambio de carácter. Para Filip, era el lugar ideal para llevar a cabo una idea que había estado madurando en su cabeza durante algún tiempo y que deseaba poner en práctica.

52 m² llenos de retos

Ya en la fase de inspección, el arquitecto supo que la reforma no sería fácil. El piso carecía de cuarto de baño y la ducha estaba en la cocina. El pequeño aseo era el único cuarto de baño. Durante las obras, se descubrió que la pared que se iba a derribar era estructural y atravesaba todas las plantas del edificio. Por lo tanto, fue necesario reforzar los techos y utilizar vigas de acero. Gracias a ello, se logró abrir el espacio diurno e introducir una espectacular combinación de dormitorio y salón. La abertura entre ambos se enmarcó con travertino y se cerró con puertas de metal y cristal, lo que garantizó la iluminación de ambas estancias.

Ecología y segunda vida de los objetos

Durante la demolición, Filip intentó salvar tantos elementos antiguos como fue posible. Vendió o regaló parte de los muebles a personas que querían darles una nueva vida, mientras que las puertas antiguas fueron a parar a una granja, donde se utilizaron como decoración de pared. El arquitecto admite que le importaba que se enviaran al vertedero la menor cantidad posible de materiales. Fue necesario renunciar a la reutilización de los suelos de madera debido al pegamento nocivo con el que estaban fijados.

Vivir en un edificio antiguo y el espíritu del diseño

Dado que ninguno de los antiguos objetos y elementos de acabado encajaba en el nuevo concepto, el diseñador comenzó a buscar clásicos del diseño. En Internet encontró muebles originales de décadas pasadas, entre ellos un sillón y sillas de Marcel Breuer y sillas «Zetka» de Ernst Moeckel. Tras renovarlos, se convirtieron en los elementos centrales de la nueva decoración. Fueron ellos los que dieron al interior el carácter vintage que Filip quería combinar con soluciones modernas.

Alejarse del minimalismo

En su día a día, el diseñador trabaja con la estética del minimalismo escandinavo, pero en esta ocasión se permitió utilizar medios de expresión más atrevidos. Apostó por colores más cálidos, materiales nobles y elementos retro. Realizó un proyecto basado en el diálogo entre las tendencias contemporáneas y la elegancia atemporal. Aunque el apartamento estaba destinado a la venta, el arquitecto no buscó ahorrar y eligió sistemáticamente materiales de alta calidad.

Muebles de diseño propio de Filip Domagała

La decoración incluye suelos de roble, encimeras de conglomerado de cuarzo, muebles hechos a medida, baldosas y mosaicos cuidadosamente seleccionados y puertas con marcos ocultos. En la cocina se utilizó un fregadero cerámico suspendido y grifería de acero cepillado, y los baños se equiparon con cerámica de marcas de renombre. Cada elemento ha sido cuidado hasta el más mínimo detalle. Filip Domagała diseñó él mismo los muebles, incluyendo la mesa, la lámpara, los tiradores, la consola y la cama. En el diseño, se preocupó por aprovechar al máximo el espacio y por incluir soluciones funcionales, como un compartimento para el televisor oculto detrás de una pared de espejos.

Piso en un edificio reformado

El resultado es un apartamento en el que la alta estética va de la mano de una funcionalidad bien pensada. Para Filip Domagała, este proyecto le permitió salir de los esquemas habituales y le recordó que la arquitectura de interiores no solo puede ser una profesión, sino también una forma personal de expresión creativa.

Diseño: DOMagała Design (Filip Domagała)
Fotos: Mood Authors

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