Un departamento aparentemente común y corriente, ubicado en el piso de planta baja de un edificio de la década de 1940 en el barrio de Grunwald, en Poznań, ha sufrido una transformación que ha cambiado por completo la forma de aprovechar el espacio. El proyecto, obra de Anna Komorowicz, aprovechó al máximo los 64 m²: reorganizó la distribución funcional, ordenó las vías de circulación y abrió el interior a nuevas perspectivas. El resultado es un departamento que ha adquirido una estructura clara, un carácter contemporáneo y sutiles referencias a la época de la que proviene el edificio.
El punto de partida fue una distribución difícil y cerrada de los espacios, típica de la construcción de la posguerra. La diseñadora propuso una solución que cambió por completo la forma de percibir el espacio: desde la mesa de la cocina, pasando por el nuevo pasillo con muebles de color rojo intenso, hasta el rincón de trabajo que termina en una ventana con vista a la vegetación, hoy se extiende una perspectiva clara y lineal. Esta intervención se convirtió en la base del proyecto: abrió el departamento de un extremo a otro, introdujo luz y le dio al conjunto una nueva lógica.
Huellas de la historia en la nueva distribución
La remodelación general abarcó tanto las instalaciones como una reorganización total de las funciones. La cocina se unió con la sala de estar, creando una zona común para la vida en el hogar. En el lugar de las antiguas paredes divisorias quedaron vigas de acero y un pilar, conservados a propósito en su forma cruda y pintados en un tono verde empolvado. En lugar de ocultarlos, el proyecto los convirtió en un elemento arquitectónico distintivo del interior. Es un recuerdo discreto de la historia del edificio, que al mismo tiempo ordena el espacio contemporáneo.
División clara de funciones
Uno de los retos clave fue crear una zona de entrada cómoda. Dada la presencia de los muros de carga existentes, resultaba difícil encontrar espacio para el almacenamiento, por lo que se diseñó un nuevo pasillo con amplios armarios empotrados a ambos lados. Al final de este se encuentra un rincón de trabajo —con luz natural, funcional e integrado en el eje principal del departamento—. Detrás del pasillo se ocultó el dormitorio, lo que hizo que la división entre la zona de estar y la privada resultara clara e intuitiva.
Aunque en el departamento no se conservan elementos originales de la década de los 40, el diseño hace un sutil guiño a esa época. El piso presenta un diseño de espiga de madera, y las puertas se diseñaron con proporciones inspiradas en la carpintería de antaño, complementadas con manijas de latón. En el baño se utilizó terrazo, una interpretación contemporánea del material presente en la escalera del edificio.

El toque más personal se encuentra en la cocina: los pomos de latón del aparador de la abuela, trasladados a un nuevo contexto, se han convertido en un rastro cotidiano y tangible de la historia familiar. La cocina, con su esquina redondeada y su encimera de piedra, sirve de telón de fondo para muebles vintage cuidadosamente seleccionados —desde la lámpara Poulsen PH5 hasta el reloj Nelson Ball Clock y las sillas italianas de los años 80—. Estos se han convertido en parte de la vida cotidiana, aportando autenticidad al interior.
Algo para el niño
Aunque se diseñó con mayor libertad, la habitación del niño sigue siendo parte integral del departamento. El zócalo colorido, el papel tapiz y los muebles pintados crean un espacio ligero y contemporáneo, adaptado a las necesidades actuales del miembro más joven de la familia.
El departamento remodelado en el barrio de Grunwald, en Poznań, es un ejemplo de cómo las decisiones de diseño conscientes pueden transformar un espacio aparentemente común. Gracias a un eje claro, una distribución bien pensada y sutiles referencias a la historia del edificio, el interior ha adquirido una nueva identidad: contemporánea, funcional y arraigada en el lugar.
diseño: Anna Komorowicz Studio
fotografías: Tomasz Koszewnik
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