En un rascacielos de Poznań, justo al lado de uno de los parques de la ciudad, se encuentra un departamento cuya remodelación ha demostrado el enorme potencial que encierran este tipo de espacios. Este departamento de esquina, con una superficie de poco más de 70 m², se abre a la vegetación desde dos lados, y su arquitectura —pasillos amplios, cocina separada y un balcón grande— es un ejemplo de la distribución de zonas funcionales que ha acompañado (y acompaña) a los polacos desde hace décadas. La arquitecta Ludomira Krzynowek-Wosińska, del estudio KRZY/WO, aceptó esta configuración y les brindó a los habitantes un diseño completamente nuevo y contemporáneo.
El legado modernista
El primer contacto con el interior fue como un viaje en el tiempo. Los fragmentos conservados de pisos de madera, el lastrico original, los revestimientos de madera y los papeles tapiz revelaban la historia de la época en que se construyó el edificio. Aunque el departamento requería una remodelación profunda, la diseñadora supo desde el principio que su mayor valor seguía siendo su carácter modernista: el espacio, la luz y las proporciones, que no se pueden recrear en proyectos nuevos. En lugar de intentar reconstruir fielmente la decoración de antaño, se creó un diseño que se inspira en el pasado, pero que habla un lenguaje contemporáneo. Los motivos decorativos típicos del modernismo tardío se trasladaron a las grandes superficies de los muebles de carpintería, y la madera —presente en todo el departamento— adquirió un tono más oscuro y refinado. Los materiales antiguos dieron paso al microcemento, que aportó tranquilidad y continuidad visual entre las habitaciones.
Luz, espacio y arte
La luz natural juega aquí un papel clave. A lo largo del día modela los interiores, resaltando las texturas de la madera, el microcemento y las telas. En la sala de estar, llama la atención el cuadro de Fran Wasi: un rosa intenso que contrasta con la paleta sobria de verdes, tonos neutros y madera oscura. Junto a él se encuentran las obras de Felicja Parasol, que le dan al espacio un carácter más personal y de coleccionista. Es precisamente el arte lo que le da al interior su individualidad, haciendo que no sea solo una realización estética, sino un lugar que cuenta la historia de sus habitantes. En la sala también hay accesorios que refuerzan el estilo modernista: la silla «The Good Living», una mesita vintage de mármol o los ficus, que aportan un toque suave y hogareño.

Cocina y recámara
La cocina combina soluciones clásicas con un sutil toque de modernidad. Los gabinetes inferiores de madera se combinan con los frentes claros de los gabinetes superiores, y el conjunto se complementa con detalles de latón. Una lámpara escultural en color terracota, que recuerda a una flor abierta, aporta ligereza, al igual que los objetos funcionales seleccionados. En una de las paredes destaca una obra gráfica de Nikodem Szpunar en un rosa intenso, que armoniza con las obras de arte del salón. La tetera retro de Alessi o los elementos metálicos de la vajilla le dan carácter a la cocina, sin alterar su composición tranquila.
El dormitorio tiene un carácter más íntimo, donde la paleta de colores se ha limitado a tonos suaves y apagados. Un acento más marcado lo aporta el revestimiento de madera detrás de la cama, que hace un sutil guiño a los motivos presentes en el resto de la vivienda. En el espacio se encuentran delicadas obras de arte —una pequeña serigrafía de Sonia Dubois— y una sillita vintage de madera. En el pasillo llama la atención el papel tapiz de Casamance, que aporta un toque decorativo suave sin dominar la arquitectura.
Una interpretación contemporánea del modernismo
El proyecto en su conjunto es un diálogo consciente con la arquitectura del edificio. El interior no intenta ocultar su historia; al contrario, extrae de ella lo más valioso y lo traduce al lenguaje contemporáneo de la vida familiar. Gracias a ello, el departamento conserva el carácter del lugar, al tiempo que se convierte en un escenario natural para la vida cotidiana de sus habitantes. Se trata de un proyecto que demuestra que el legado modernista puede ser no solo una inspiración, sino también un elemento de pleno derecho del diseño contemporáneo.
diseño: Ludomira Krzynowek – Wosińska – estudio de diseño de interiores KRZY/WO
fotografías: Pietruszka fotografía
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