Solo tiene 25 m². Un piso ingeniosamente decorado en Breslavia

Este microapartamento de 25 m² en Breslavia es la prueba de que una planificación precisa y unas decisiones de diseño bien meditadas pueden convertir un espacio reducido en un lugar funcional donde vivir. La arquitecta Aneta Mielczarek apostó por el estilo japandi, que combina el minimalismo escandinavo con materiales naturales y elementos biofílicos. El resultado es un interior que transmite tranquilidad, es práctico y favorece el descanso diario.

El apartamento se encuentra en antiguos edificios ferroviarios que han sido sometidos a una profunda rehabilitación y transformados en microapartamentos. Durante la modernización se ampliaron las ventanas, lo que permite que entre más luz natural en el interior. Los edificios forman una disposición en forma de C, y en el centro se ha creado un patio verde visible desde las ventanas del local. Este entorno se ha convertido en una prolongación natural de la idea del estilo japandi: un espacio tranquilo en el que la naturaleza está siempre presente.

El proyecto se concibió como la primera vivienda independiente para una mujer soltera, pero hoy en día el piso ya lo ocupa una pareja. La inversora soñaba con una mini oasis urbana: un lugar fácil de mantener, de formas sencillas y, al mismo tiempo, acogedor y cálido. La prioridad era la multifuncionalidad y la posibilidad de reorganizar rápidamente el espacio en función de las necesidades.

Distribución funcional y soluciones espaciales

El interior del piso tiene planta rectangular. Al entrar, a la izquierda hay un cuarto de baño compacto con ducha y, a la derecha, una pared de espejos que oculta amplios armarios empotrados. Los frentes espejados amplían visualmente la zona de entrada y se funden con los muebles de cocina. En el rincón de la cocina se han ocultado un frigorífico de tamaño estándar y el resto de electrodomésticos, mientras que la encimera extraíble de un cajón hace las veces de mini isla para preparar las comidas.

Más adelante se encuentra la zona de estar con un mueble para el televisor y un sofá cama. El comedor móvil (mesa y sillas plegables) permite cambiar rápidamente el uso del espacio. Por la noche, esta parte del piso se convierte en dormitorio gracias al sistema Murphy’s bed. La cama se oculta en el mueble empotrado y, una vez desplegada, se puede separar del resto del interior con una cortina que se desliza desde un hueco oculto. Esta solución garantiza la privacidad sin necesidad de instalar tabiques fijos que limitarían la luz y la circulación del aire.

Modificaciones y retos de diseño

La arquitecta introdujo modificaciones en la disposición de las paredes divisorias para poder instalar una lavadora empotrada en el cuarto de baño. Se utilizaron puertas correderas que se ocultan en la pared, y encima de ellas se colocó un tragaluz que ilumina el cuarto de baño con luz natural. Gracias a ello, la estancia parece más grande, a pesar de que su superficie es mínima.

Cama empotrada. Desliza el control deslizante ANTES y DESPUÉS:

El mayor reto fue la multifuncionalidad. El piso debía albergar una cómoda cocina americana, un espacio de trabajo, un comedor, un salón, una zona de ejercicio y un dormitorio de tamaño completo. Todo ello sin dar la sensación de estar abarrotado. Por eso, la mayoría de los muebles son móviles o compactos, y los accesorios se han reducido al mínimo. Se han elegido, entre otras cosas, mesitas vintage de acrílico, que desaparecen visualmente en el espacio, así como cojines mullidos y una alfombra marroquí de lana, que aportan calidez al salón.

Materiales, colores y detalles

Predominan los tonos neutros: blancos, beiges y grises, complementados con madera natural y el verde de las plantas. Se trata de una paleta acorde con las filosofías wabi-sabi y biofílica. En el baño se han utilizado frentes y encimera de bambú, que combinan con el microcemento de las paredes y el suelo. En la cocina se han instalado zócalos de cristal. Este recurso hace que los muebles parezcan flotar sobre el suelo. El cuidado de los detalles fue fundamental. En los espacios pequeños, cada milímetro cuenta, por lo que la diseñadora prestó especial atención a la combinación de materiales, las proporciones y el trazado de las líneas de los muebles. Son precisamente estos matices los que hacen que el piso resulte coherente y armonioso.

El proyecto se desarrolló basándose en la observación de soluciones aplicadas en microcasas y tiny houses. La arquitecta siguió programas dedicados a los espacios pequeños y ferias del sector, donde se presentan sistemas de carpintería innovadores. Estas inspiraciones le permitieron crear un interior que, a pesar de su reducida superficie, ofrece plena funcionalidad y comodidad.

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Sobre el estudio:

MUDA.STUDIOes un pequeño estudio de diseño de interiores de Breslavia, dirigido porAneta Mielczarek. Más de una década de experiencia en la creación de espacios privados y comerciales permite al estudio ponerse perfectamente en el lugar del cliente y ofrecer soluciones que responden a necesidades reales. «Nuestro estilo es un equilibrio consciente entre la funcionalidad y la expresión artística. Valoramos los interiores auténticos y libres de recargamiento, pero llenos de carácter individual y atención al detalle. Nuestro sello distintivo es la audacia a la hora de combinar colores y texturas, así como la búsqueda de materiales de acabado poco convencionales u objetos vintage con alma, que confieren a cada proyecto una identidad única. En el proceso de diseño apostamos por la colaboración y evitamos la decoración superflua, dejamos espacio para la libertad, creyendo que los mejores interiores son aquellos que viven y maduran junto con las personas», leemos en la página web del estudio.

proyecto: MUDA.STUDIO Aneta Mielczarek, colaboración: Kaja Onichimowska

fotografías: żorżeta

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