En un edificio de viviendas de Riga de finales del siglo XIX se ha creado un apartamento muy interesante, donde el arte y el eclecticismo absoluto son los protagonistas. La reforma de este interior, de 250 m², se llevó a cabo por fases para poder planificar cada uno de sus rincones con la mayor precisión posible. El apartamento de Riga, destinado a una familia de cinco miembros, fue diseñado por el estudio OAD – Open Architecture Design.
El piso de Riga y su historia
El piso tiene ya más de 100 años, lo que conlleva una historia muy compleja. Una parte del inmueble ha conservado la decoración y los detalles originales, como las cornisas y los techos abovedados, mientras que la otra ha sufrido dos reformas. Primero durante la época soviética y, más tarde, en los años 90. Los arquitectos decidieron conservar este marcado contraste, e incluso resaltarlo. Así, los elementos históricos que se conservaron se combinaron con formas más atrevidas. Esto permitió crear una composición interior interesante y ecléctica. La colección de obras de Kristīne Luīze Avotiņi también desempeñó un papel nada desdeñable en el proyecto, ya que su pintura influyó en la elección de colores y tejidos.

Decoración ecléctica con obras de arte
El proceso de diseño de este apartamento de más de doscientos metros cuadrados duró casi cuatro años, ya que los arquitectos se centraron al máximo en el acabado adecuado y atractivo de cada estancia, ¡y hay un total de 16! El suelo original se había deteriorado con el paso de los años, por lo que se instaló un nuevo parqué en espiga, inspirado en los motivos históricos de la época en que se construyó el edificio. Cada una de las lamas de madera difiere sutilmente de las demás, dando la impresión de un desgaste natural. El interior se completa con muebles hechos a medida, entre los que destaca el mueble empotrado plateado del vestíbulo que conduce a la cocina, donde encontramos módulos independientes en diferentes colores. De este modo, se ha podido limitar la intervención en los fragmentos conservados del antiguo interior. Además, para los acabados, los diseñadores utilizaron materiales de gran durabilidad, que resisten bien el uso intensivo de los numerosos miembros de la familia de diferentes edades.
Un comedor representativo y un salón sobrio
El comedor destaca por la atención prestada a cada detalle, incluso a aquellos que a simple vista parecen insignificantes. Las paredes se han acabado aquí con un zócalo recubierto de láminas de oro, y todos los muebles empotrados se han diseñado a medida. El punto central de la estancia es, por supuesto, la mesa. Esta mide más de 3 metros de largo y está fabricada en madera y mármol gris. En el salón, en cambio, se aprecia un enfoque más sobrio en la decoración. Se ha reducido el número de muebles y el mobiliario se ha adaptado en su mayor parte a la funcionalidad. Un ejemplo de ello es el exclusivo mueble para el televisor, diseñado especialmente para este interior. Esta zona de estar, tan ingeniosamente compuesta, es perfecta para organizar reuniones o pasar tiempo juntos alrededor de una gran mesa.

Piso en Riga con pasillo verde
Todo el proyecto del piso está unificado por un pasillo de color verde intenso, que conduce desde las habitaciones de los habitantes hasta la zona de estar común. La iluminación, realizada por el artesano Edgars Spridzāns, aporta aquí nitidez y suaviza la forma alargada de la estancia. Las habitaciones de los niños reflejan sus intereses, mientras que el dormitorio de los padres se ha decorado en tonos más oscuros, debido a que las ventanas dan al patio interior del edificio. Al final del pasillo verde se ha habilitado un rincón de lectura y una zona de descanso para la niñera. Esta sencilla distribución facilita la orientación y aclara la división entre los espacios comunes y los más íntimos.
Zona de juegos para niños en el piso
También merece la pena destacar la zona de juegos para los niños, a la que los arquitectos dedicaron un esfuerzo especial. En el piso se ha creado un espacio multifuncional con elementos para trepar, superficies blandas, rincones de lectura y un lugar para que se alojen los invitados. Gracias a ello, los niños pasan el tiempo jugando, pero sin dejar de formar parte de la vida de toda la familia. Junto a ella se ha habilitado un luminoso jardín de invierno destinado al cuidado de las plantas, que son la pasión de la propietaria. Los baños se han diseñado con el mismo esmero, con un equipamiento personalizado, incluyendo tres lavabos contiguos, adaptados a las necesidades de niños de diferentes edades.
Proyecto: OAD – Open Architecture Design
Equipo de diseño: Zane Tetere – Šulce, Linda Balode, Beatrise Dzērve
Superficie: 250 m²
Fotografías: Alvis Rozenbergs
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