Una antigua casa en España con nueva vida. Es un mundo de colores y texturas.

En Madrid, durante muchos años, se encontraba abandonada y en ruinas una casa construida en 1934. Cuando el edificio modernista parecía irrecuperable, los arquitectos Ana Arana y Enrique Ventosa, del estudio PLUTARCO, se interpusieron en su camino. La pareja encontró el edificio en muy mal estado técnico, sin grandes esperanzas, pero gracias a su determinación e ingenio lograron revivir la propiedad de casi un siglo de antigüedad. Los interiores se crearon desde cero y se llenaron de una verdadera explosión de colores intensos, materiales expresivos, muebles poco convencionales y accesorios originales. La antigua casa en España se salvó y vuelve a estar llena de vida.

Una antigua casa en España con nueva vida

Todo el trabajo del proyecto comenzó con el análisis del período en que se construyó el edificio. El año 1934 fue una época de intenso desarrollo de villas modernistas en muchas partes del mundo, por lo que los arquitectos examinaron otras realizaciones de esa época para comprender mejor el contexto arquitectónico de la casa madrileña. El edificio en sí se encontraba en un estado lejos de ser ideal. Había permanecido abandonado durante años y se habían realizado numerosas reformas fallidas en su interior. Los suelos llegaban incluso a la mitad de la altura de las ventanas. Por lo tanto, los diseñadores trataron la estructura existente como un lienzo en blanco y comenzaron a diseñar casi desde cero. La casa tiene una impresionante superficie de 376 m² y 112 m² adicionales de dos patios. Uno de ellos tiene la forma de una calle privada, el otro es un amplio patio interior, poco común en los edificios de Madrid. Esta configuración proporcionó una gran libertad de diseño y una sensación de verdadera intimidad en una gran metrópolis.

Espacio diurno bajo bóvedas

La nueva distribución de la zona de estar en esta antigua casa se diseñó pensando en la tranquilidad y el confort. El salón se situó entre los dos patios mencionados, lo que le confirió al interior una atmósfera tranquila y acceso a la luz natural por dos lados. Los techos tienen aquí una gran importancia. Los arquitectos se decidieron por bóvedas inspiradas en la arquitectura de los años 30. Su superficie se recubrió con un material brillante que potencia los reflejos de la luz. En el salón se colocó un sofá mullido de la marca Arflex, y el interior se completó con toques contemporáneos, como una lámpara diseñada por Ingo Maurer y una obra de Ivan Franco. A primera vista, parece una fotografía, pero fue creada a mano con un lápiz. Este efecto inesperado fue uno de los elementos que más gustó a los diseñadores.

Comedor inspirado en la arquitectura

En el comedor se aprecian claras referencias a las realizaciones modernistas de la primera mitad del siglo XX. La bóveda con cornisas decorativas evoca la villa Cavrois de Robert Mallet-Stevens. Por su parte, la combinación de diferentes tipos de mármol en las escaleras y la barandilla recuerda a las entradas de las villas italianas diseñadas en los años 30 por Pier Portaluppi. Los muebles del comedor fueron diseñados por los propios arquitectos. Las sillas se llamaron Escote por su forma característica. Los diseñadores querían que los asientos favorecieran las largas conversaciones en la mesa. El comedor funciona como lugar de encuentro y de largas cenas, por lo que el paso directo al salón permite diferentes escenarios de uso de este espacio.

Una parte importante de la casa es el biombo móvil. Durante el día funciona como una pared cubierta de azulejos, y al girarlo se descubre una superficie espejada que cambia la atmósfera del interior. Detrás de él se ha colocado una obra del artista Xevi Soly, de la galería Alzueta.

Casa antigua en España: cocina y jardín llenos de color

En la cocina, la combinación de diferentes materiales desempeña un papel especial. El diseño se ha creado en torno a cinco materiales principales. Aquí aparecen dos tipos de madera: cerezo, con un cálido tono rojizo, y pino teñido de un intenso color granate. El punto central es la isla, realizada con terrazo especialmente preparado. El suelo, de otra variedad de este material, recuerda a los portales milaneses, y las paredes están cubiertas de azulejos azules con juntas rojas. El color rojo aparece con moderación en los interiores. Los arquitectos describen este recurso como «unexpected red», es decir, un acento inesperado. El resto de la paleta es más sobria. El azul claro evoca asociaciones con el cielo y se extiende visualmente al jardín. El efecto se ve reforzado por el brillante techo azul.

El verde que rodea la casa crea un pequeño microclima. En la pared se ha plantado parra virgen, que en otoño adquiere un color rojo y en primavera vuelve a brotar. La acompañan especies de hoja perenne y estacionales, por lo que el jardín cambia con las estaciones. En esta parte de la propiedad también hay una piscina de mosaico verde, un suelo de baldosas y una zona de barbacoa acabada con pequeños azulejos azules.

Planta privada

La parte más íntima de la casa se encuentra en la planta superior. Un pequeño estudio conduce a un vestidor inspirado en un templo japonés. El techo cónico y los paneles de madera con un rítmico enrejado confieren a este lugar un ritmo tranquilo. El dormitorio de los propietarios está decorado en tonos oscuros. El techo abovedado en color azul marino nocturno esconde puntos de luz empotrados que recuerdan a las estrellas. En la superficie también aparece una constelación pintada a mano por Jesús Colmenero. El interior está lleno de una combinación de materiales: madera teñida de verde, bloques de vidrio redondos y puertas arqueadas que conducen al baño. El motivo de las curvas aparece en toda la casa. Los delicados arcos suavizan la geometría de las habitaciones y eliminan los ángulos agudos. En el baño, unos tabiques redondeados separan la ducha y el inodoro. El suelo de terrazo y el mueble del lavabo, de mármol chino y raíz de olmo, son la guinda del pastel de todo el proyecto.

Una casa antigua en España y una difícil remodelación


El mayor reto de toda la inversión resultó ser el estado de la estructura de la casa. Durante las obras se descubrió que muchos techos estaban a punto de derrumbarse y que el edificio necesitaba un refuerzo profundo. Llevarlo a un estado seguro requirió un gran esfuerzo por parte de los diseñadores y los contratistas. Hoy en día, la antigua propiedad abandonada de 1934 vuelve a funcionar como un espacio lleno de vida y belleza.

Proyecto: Plutarco
Ubicación: Madrid
Fotografías: GermánSaiz

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