En Boršov nad Vltavou, cerca de České Budějovice, se ha construido uno de los proyectos residenciales más interesantes de los últimos años en la República Checa. Los arquitectos del estudio mar.s architects asumieron un reto que requería no solo valentía en el diseño, sino también un profundo conocimiento de la historia del lugar. En el terreno de un antiguo molino de centeno, en funcionamiento ininterrumpido desde el siglo XIX, crearon un complejo que combina la memoria del pasado con un enfoque moderno del diseño y la ecología. El resultado es una alternativa atractiva a las típicas inversiones inmobiliarias.
Cuando los diseñadores entraron por primera vez en el molino abandonado en 2019, se encontraron con un espacio de extraordinaria fuerza expresiva. Durante casi doscientos años, la energía del río impulsó aquí los mecanismos del molino y, más tarde, dos turbinas que a principios del siglo XX sustituyeron a la tradicional rueda hidráulica. El elemento dominante del complejo era un silo de ladrillo de cinco plantas de finales del siglo XIX, al que más tarde se añadieron depósitos de hormigón y un edificio administrativo. Al otro lado del terreno se alzaba un castillo barroco del siglo XVII, creando una sorprendente vecindad entre la industria y la antigua residencia.
La tarea a la que se enfrentaban los arquitectos consistía en conservar este vestigio único de la historia y, al mismo tiempo, abrir el terreno a las necesidades actuales de los habitantes.
Se avecina algo nuevo
Hoy en día, el complejo consta de cuatro edificios: dos históricos y dos nuevos. En su interior se han construido 83 viviendas con superficies de entre 45 y 150 m², desde locales compactos con cocina americana hasta amplios apartamentos de varias habitaciones. Entre ellos se encuentra un exclusivo apartamento de dos plantas en la antigua torre del molino, cuya forma vertical crea un ambiente único. En la planta baja del edificio principal se ha instalado una cafetería que da vida a la nueva plaza y constituye un lugar de encuentro natural para residentes y visitantes.
La nueva plaza como centro de la vida
Una de las medidas urbanísticas clave fue cerrar el brazo abierto de la disposición en forma de «U» mediante la introducción de un edificio residencial de tres plantas. Gracias a ello, se creó una plaza con árboles y amplias escaleras. En su centro se colocó un artefacto encontrado durante las obras: la turbina Francis original, extraída de un canal de agua soterrado. La plaza funciona como patio común, pero también recuerda el pasado industrial del lugar.
Desde el lado del río se reconstruyó el canal de agua y se completó con un nuevo puente que conduce al parque ribereño. Los fragmentos conservados del antiguo garaje se transformaron en una galería que presenta otros elementos del patrimonio tecnológico del molino.

Transformación de edificios históricos
La metamorfosis más espectacular es la del silo de ladrillo. Se eliminaron las superestructuras posteriores y se dejó al descubierto el ladrillo original, y en el tejado se colocó una superestructura retranqueada y ligera de ladrillo claro. Las fachadas recibieron ventanas inspiradas en los marcos industriales de acero y balcones de acero orientados hacia el río. En la torre central se creó un apartamento tipo loft coronado por una estructura de hormigón armado con terrazas y vistas al paisaje circundante. El techo verde se convirtió en parte de la estrategia ecológica de todo el complejo.
El antiguo edificio administrativo ha adquirido un nuevo zócalo de ladrillo y un enlucido claro. La distribución de los apartamentos se inspira en las soluciones utilizadas en el silo, y el conjunto se completa con balcones. Ambos edificios históricos se han conectado mediante un nuevo núcleo de comunicación de metal y cristal, que cumple una función tanto práctica como estética.
La nueva arquitectura en diálogo con el pasado
El edificio de tres plantas que cierra la plaza destaca por su ladrillo claro, sus elementos metálicos blancos y su techo plano. Su carácter contemporáneo se ve acentuado por el contraste con los edificios históricos. En lugar de balcones, se han utilizado logias y terrazas.

El segundo edificio nuevo, situado junto al canal y al río, es una estructura de cinco plantas de ladrillo rojo, con grandes ventanas francesas y una combinación de logias y balcones. Su forma regular se abre al paisaje ribereño.
Técnica y desarrollo sostenible
El proyecto se basa en el principio de aprovechar al máximo las estructuras existentes, lo que los arquitectos consideraron el enfoque más ecológico. Se han introducido tejados verdes y un sistema de gestión del agua de lluvia que alimenta el canal restaurado.
Las obras de construcción fueron exigentes: en el edificio más antiguo se sustituyó el silo de madera por techos de hormigón armado, y en la parte más nueva se eliminó el sistema de cámaras de hormigón, dejando algunos fragmentos como testimonio de la historia. La realización se llevó a cabo en colaboración con la empresa Auböck Bau, cuyos propietarios se interesan desde hace años por la arquitectura industrial. La ambición común era crear un espacio que no borrara las huellas del pasado, sino que reforzara su significado.
Hoy en día, el castillo, el silo, el antiguo edificio administrativo, las nuevas viviendas, la plaza y el parque ribereño forman un conjunto coherente. Es un ejemplo de cómo las antiguas instalaciones industriales pueden convertirse en la base de una nueva parte auténtica y sostenible de la ciudad.
proyecto: mar.s architects | Martin Šenberger
fotos: BoysPlayNice
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