En la principal calle comercial de Wolsztyn, en un edificio que data de finales del siglo XIX, se ha creado un espacio que combina la función de estudio de diseño y la de una pequeña tienda conceptual. Este lugar ha sido creado por la arquitecta de interiores Katarzyna Hoffmann, del estudio LaskowskaWnętrza, que decidió dar nueva vida al local, oculto durante años bajo capas de sucesivas reformas y inquilinos.
El edificio, construido en 1898, sirvió durante décadas a los comerciantes. En el local contiguo funcionaba la tienda de comestibles más antigua de la zona, regentada por el propietario del edificio durante más de 70 años. Cuando la arquitecta se hizo cargo del espacio, sabía que le esperaba un encuentro con la historia. Bajo las baldosas y el gumoleum se descubrió el suelo de madera original. Tras su limpieza y renovación, se convirtió en uno de los elementos más importantes del interior, dotándolo de un carácter natural y coherencia. Lo mismo ocurrió con las puertas, limpiadas a mano de varias capas de pintura al óleo, que hoy vuelven a mostrar su estructura original.
Espacio abierto recuperado
El mayor reto resultó ser el techo. Los viejos casetones, muy deteriorados, rozaban el kitsch, pero la arquitecta vio su potencial. Tras su renovación y repintado, se convirtieron en uno de los elementos más reconocibles del estudio. Aunque al principio nadie creía en esta idea, hoy en día es difícil imaginar este espacio sin su característico techo en un tono azul apagado.
La distribución interior se mantuvo: dos antiguas habitaciones unidas por una viga crean hoy un único espacio abierto. Tras retirar el antiguo suelo y dejar al descubierto las tablas, fue necesario rellenar el espacio con hormigón, pero gracias a ello se logró conservar su carácter y proporciones originales.
La arquitecta realizó gran parte del trabajo por su cuenta, con la ayuda de su familia y amigos. Las tareas más importantes las confió a un equipo de reformas amigo suyo. El resultado es un interior que no parece un proyecto «llave en mano», sino un lugar que madura junto con su propietaria.
Colores suaves, texturas naturales, eclecticismo.
La arquitecta tuvo desde el principio una visión clara: beiges y marrones suaves, materiales naturales, formas sencillas y luz que resalta las paredes centenarias. La paleta de colores es cálida y acogedora, y el techo en un tono azul apagado aporta un sutil contrapunto.

El estilo del interior puede describirse como ecléctico: combina elementos históricos, contemporáneos y otros encontrados por casualidad. Uno de los detalles favoritos de la propietaria son las sillas traídas de Alemania, regalo de una amiga. En el espacio también aparecen muebles y accesorios que la arquitecta utiliza en su trabajo de diseño.
Paredes fortuitas
Uno de los descubrimientos más sorprendentes resultaron ser… las paredes. La arquitecta soñaba con superficies claras con un delicado enlucido. Cuando entró en el local durante las obras, quedó encantada con la estructura y el color de lo que vio. Resultó ser una capa inicial de yeso. Tras la impregnación, quedó permanente, creando un fondo sutil y natural para toda la decoración.
Hoy en día, el espacio renovado alberga una oficina de diseño y, desde hace poco, también una tienda conceptual. Es un lugar donde la arquitecta presenta las cosas que le gustan y con las que trabaja a diario, desde pequeños objetos hasta elementos de decoración de interiores. El espacio funciona como sala de exposiciones, estudio y punto de encuentro con los clientes. ¡Con historia de fondo!
Diseño: Katarzyna Hoffmann – LaskowskaWnętrza
Fotos: Jaga Kraupe
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