El proyecto de este departamento de dos niveles en Katowice comenzó con un solo objeto: la lámpara multicolor Cocktail, diseñada por Hanna Anonen. Fue ella, comprada incluso antes de la remodelación, la que definió la paleta de colores que luego se extendió por todas las habitaciones. Cuando a ella se le sumó el sofá Togo en tono empolvado, la dirección del diseño quedó clara: los propietarios deseaban un interior audaz, original y lleno de color.
Roma Skuza, Bogna Polańska y Anna Warzywniak recibieron el encargo de crear un espacio para una familia de cuatro personas que buscaba conscientemente soluciones poco comunes. La casa debía ser funcional, pero al mismo tiempo expresiva, con espacio para el arte, el diseño y las ilustraciones coleccionadas a lo largo de los años. Los propietarios trabajan de manera remota, hacen ejercicio en casa y valoran el espacio para pasar tiempo juntos, por lo que la distribución funcional se convirtió en uno de los elementos clave del proyecto.
Adaptado al estilo de vida
El departamento, en estado de obra, requería medidas decisivas. En la planta baja, las diseñadoras derribaron la pared entre la sala y una habitación adicional, lo que permitió crear una zona de estar más amplia, adecuada para una familia de cuatro personas y sus actividades cotidianas. El entrepiso, originalmente abierto, se dividió en dos habitaciones infantiles, un baño, un espacio de trabajo y una zona de ejercicios. De esta manera, ambos niveles adquirieron una función clara y el conjunto comenzó a funcionar como una vivienda bien planeada.
Los propietarios coleccionan grabados desde hace años; cuelgan en cada habitación, incluso en la cocina. También se incorporaron al departamento objetos con historia, que le dieron un toque personal a la decoración. La colorida lámpara de araña Cocktail, suspendida sobre el entrepiso, funciona como una instalación escultórica. El sofá rosa Togo de Michel Ducaroy, de 1973, forma un dúo con la estantería de madera contrachapada diseñada por Małgorzata Dyka-Buczek. En la zona de televisión se colocó un mueble negro USM Haller —un ícono del diseño modular— que se integró a la perfección en el espacio habitable. Sobre la mesa del comedor cuelga la lámpara PH5 de Poul Henningsen, y en el baño se ha instalado el aplique Loop Coral de la marca TK Lighting. Cada uno de estos elementos aporta al interior su propia historia y su propio color.
Las escaleras como un gran mueble
Al recibir el departamento, la escalera que conducía al entrepiso se parecía más a una escalera de mano que a un elemento de comunicación en toda regla. Las diseñadoras decidieron aprovechar su ubicación e integrarla en los muebles de cocina. Debajo de los peldaños se crearon armarios espaciosos para guardar los accesorios de cocina, una solución que organiza el espacio sin ocupar lugar adicional. El color de los peldaños y la barandilla se tomó directamente de la lámpara Cocktail y del sofá Togo, lo que hizo que la escalera se convirtiera en parte integral del concepto. Rosa, llamativa y poco convencional: exactamente como todo el departamento.

La cocina armoniza con el conjunto
La zona de la cocina debía ser espaciosa, funcional y preparada para un uso intensivo. En los muebles se utilizó chapa de roble, y los gabinetes superiores, así como la encimera en tono beige, se mimetizan con las paredes de color blanco roto. Gracias a esto, el gran volumen de la cocina no abruma el espacio abierto. El rincón de los hornos se remató con un perfil redondeado, que suaviza la forma y aporta delicadeza. La ventana del balcón resultó ser un desafío: para mantener el acceso, se instaló una encimera móvil de madera que se abre hacia arriba.
La paleta de colores de la cocina se mantiene coherente con el resto del departamento, aunque lo expresa de manera más sutil. El piso de la zona de trabajo se dispuso en un diseño de tablero de ajedrez en tonos burdeos y blanco roto, que se funde suavemente con el piso de roble en espiga. Es una delicada referencia al rosa presente en todo el interior, que aporta un ligero acento sin resultar dominante.
Dos versiones de los baños
Ambos baños continúan con la paleta de colores del departamento. En el primero, ubicado en la planta baja, el piso está revestido con azulejos de la marca italiana 41zero42, mientras que las paredes están decoradas con azulejos alargados de Emil Group. El rosa pastel se contrasta con tonos azul marino y terracota, creando una composición coherente, pero no monótona.

El baño del entrepiso, aunque mantiene una paleta similar, utiliza materiales completamente diferentes. La pared donde se encuentra la tina se ha dividido con dos franjas de azulejos en distintos tonos de rosa. El piso está revestido con azulejos de la marca italiana Refin Ceramiche. El conjunto cobra vida gracias a un aplique azul, que aporta un contrapunto y resalta la narrativa cromática del departamento. En uno de los baños se colocó un taburete naranja Nokk de la marca noo.ma: de acero, resistente al agua, con estructura acanalada, listo para usarse tanto en interiores como en exteriores.
Bañado en rosa
Este proyecto no surgió de un tablero de inspiración, sino de un solo objeto. La lámpara de araña Cocktail trajo consigo una gama de colores: rosa, coral, azul, verde y blanco. Cuando se le sumó el sofá Togo, la paleta ya estaba completa. El rosa se convirtió en el color principal: resalta con mayor intensidad en las escaleras y en los muebles debajo de ellas, reaparece en tonos pastel y burdeos en los baños, y en la cocina se presenta discretamente en el piso. El blanco roto y el beige crean un fondo que permite que los colores se destaquen sin crear caos.
diseño: Brokat – Roma Skuza, Bogna Polańska, Anna Warzywniak
fotografías: Martyna Rudnicka
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